Bene speremus! Hominum enim vestigia video

(Buenas esperanzas! De hombres ciertamente huellas veo)
En la entrada anterior presenté unos grabados alusivos a la anécdota del naufragio de Aristipo.      Siguen los textos antiguos que nos la han transmitido.

Vitruvio,  Arquitectura, VI,1 :

Aristipo, filósofo socrático, cuando, tras un naufragio, arrojado a las costas rodias advirtió unas figuras geométricas dibujadas, cuentan que gritó a sus compañeros:
«Tengamos confianza, pues sin duda veo huellas humanas
En seguida se dirigió a la ciudad de Rodas y se encaminó directamente hacia el gimnasio.
Allí empezó a discutir sobre temas filosóficos y fue objeto de numerosos regalos que no solamente le sirvieron para equiparse él de manera distinguida, sino que también suministró a sus compañeros vestidos y todo lo necesario para vivir.
Sus compañeros quisieron regresar a su país de origen y le preguntaron si quería darles algún mensaje para su casa. Les ordenó que dijeran que es preciso equipar a los hijos con los recursos que puedan salvar nadando tras un naufragio.

Cicerón, Sobre la república, 29 :

Y así, me parece muy acertado aquello que dijo Platón, o quien fuera, de aquél que, al ser arrojado por una tempestad en el mar a la costa desierta de unas tierras desconocidas, y temer sus compañeros por el desconocimiento del lugar, dicen que vió dibujadas en la arena unas figuras geométricas, y al mirarlas exhortó a aquellos para que tuviesen confianza, puesto que había vestigios humanos, lo que no dedujo del cultivo del campo que él podía ver, sino de los indicios de ciencia.
Por lo cual siempre me gustó la ciencia, y los hombres cultos y estos estudios a los que tú, Tuberón, eres aficionado.

Galeno, Exhortación a la medicina, 5 :

En efecto en una ocasión en que Aristipo en una travesía se vió arrojado a la orilla al quedar su embarcación destruida frente a las costas de Siracusa, se mostró confiado en un primer momento al contemplar en la arena un dibujo geométrico, puesto que dedujo que había arribado a tierra de hombres griegos y sabios, y no a la de unos bárbaros. Seguidamente se presentó en la escuela de Siracusa y pronunció los versos
¡Quién al vagabundo Edipo hoy acogerá con escogidos regalos! 1
a algunos que se le acercaron y que al reconocer quién era de inmediato le proporcionaron todo lo que necesitaba.
Y al preguntarle unos que se disponían a navegar a Cirene, su patria, si no quería hacer algún encargo a sus familiares, les respondió que les exhortasen a adquirir aquellos bienes que acompañan a quién naufraga.

Conclusiones

Sólo por el hecho de ser Galeno griego (de Pérgamo) y Vitruvio y Cicerón romanos, se puede suponer que la versión de Galeno es la más próxima de las tres a la redacción original de la anécdota, cuyo autor desconocemos.

La anécdota pudo basarse en algún incidente náutico sufrido por Aristipo, y la apreciación de la geometría que contiene revela una fecha de composición temprana, de los siglos IV o III a.C.

1. Sófocles, Edipo en Colono,3-4


Fuentes:
Texto de Vitrubio: Tomado de la red y modificado.
Texto de Galeno: Tratados filosóficos y autobiográficos. Introducciones, traducción y notas de Teresa Sánchez Manzano. Gredos 2008 , BCG 301
Texto de Cicerón: Sobre la República. Introducción, traducción, apéndice y notas de Alvaro D’Ors. Gredos 1984. BCG 72.


Frontispicio

La tragedia “Edipo en Colono“, de Sófocles, comienza así (habla Edipo):

Antígona, hija de un anciano ciego, ¿a qué región hemos llegado o de qué hombres es este país ?
¿Quién acogerá en el día de hoy con míseros dones al errabundo Edipo, que exige poco y recibe aún menos ?


Aristipo de Cirene es conocido, entre otras cosas, por su relación con Lais de Corinto, pero hoy le traemos aquí por ser el protagonista de una  famosa anécdota contada por Vitrubio, Cicerón y Galeno.



El grabado anterior aparece en el frontispicio de la edición de Edmund Halley de “Las Cónicas” de Apolonio de Perga, en 1710. El pie es el comienzo del prefacio al libro VI de “De Architectura” de Vitruvio.

El mismo grabado, con diferente figura dibujada en la arena según la obra, fue frontispicio en otras ediciones oxonianas de los clásicos:

Anteriormente, en 1703, en la edición de David Gregory los “Elementos” de Euclides.

Y posteriormente, en 1792, en la edición de Torelli de las obras de Arquímedes.

Más información sobre éste y otros frontispicios inspirados en la anécdota de Aristipo se puede ver en:
“Why Have a Frontispiece? Examples From the Michalowicz Collection at American University”.  Florence D. Fasanelli & V. Frederick Rickey.
Revista Brasileira de História da Matematica, Especial 1, dic. 2007