Un asunto de jóvenes

G.H. Hardy, en Apología de un matemático1, escribe:

“Ningún matemático debe permitirse olvidar que las matemáticas, más que cualquier arte o ciencia, son un asunto de jóvenes. Como sencillo ejemplo ilustrativo, se puede decir que la edad media a la que son elegidos los matemáticos que forman parte de la Royal Society es la más baja de todos los miembros.”

Y continúa citando a Newton, quien afirmó sobre sus 23-24 años (1665-1666)2:

“En aquellos días me encontraba en el mejor momento para crear, y estaba más dispuesto para las matemáticas y la filosofía (natural) que en cualquier otro momento desde entonces.”

Algo antes de nacer Newton, Pascal descubrió su “teorema del hexagrama místico” a los 16 años (1639) y mucho antes de nacer Pascal, Platón3 nos presenta a Teeteto, a los 17 (400 a.C.), investigando, o quizá demostrando, la irracionalidad de las raíces de los números que no son cuadrados perfectos.

A mediados del siglo IV a.C. se conocían más casos de jóvenes matemáticos, o eso podemos concluir del hecho de que Aristóteles, en la Ética a Nicómaco4, dedique un párrafo a intentar explicar el fenómeno:

“Pero añado, que saber dirigir convenientemente sus propios negocios, es una cosa muy oscura y que reclama mucha atención. La prueba de esto es, que los jóvenes pueden muy bien hacerse geómetras, matemáticos, y hasta muy hábiles en este género de ciencias; pero no hay uno al parecer que sea prudente. La razón es muy sencilla: es que la prudencia sólo se aplica a los hechos particulares, y sólo la experiencia nos los da a conocer; y el joven carece de esta experiencia, porque esta sólo la da el tiempo. Con este motivo también podría preguntarse en qué consiste, que un joven puede hacerse matemático, mientras que no puede ser sabio, ni estar versado en el conocimiento de las leyes de la naturaleza. ¿No podría decirse que esto nace de que las matemáticas son una ciencia abstracta, mientras que la ciencia de la sabiduría y la de la naturaleza toman sus principios de la observación y de la experiencia? ¿No podría añadirse, que en estas últimas los jóvenes no pueden tener opiniones personales, y que no hacen más que repetir lo que se les enseña, mientras que en las matemáticas la realidad no se les presenta con oscuridad alguna?”

En esa época (siglo IV a.C) se inició el estudio de las secciones cónicas, quizá por Menecmo, y se conformaron los libros que presumiblemente Euclides reunió en los Elementos a principios del siglo siguiente.


1 – G.H.Hardy. Apología de un matemático. Nivola, Madrid 1999. Pag.74.
2 – Newton. Carta a Des Maizeaux. Fragmento en Mathpages.
3 – En el diálogo ‘Teeteto’, 147e-148b.
4 – Aristóteles. Ética a Nicómaco. VI.8. (VI.6 en la traducción de Patricio de Azcárete, de donde está tomada la cita.)


Esta entrada participa en la Edición 4.12 del Carnaval de Matemáticas cuyo anfitrión es el blog High Ability Dimension.

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